- La autora doctora en Derecho y profesora investigadora de la UANL analiza el papel fundamental de la mujer en la educación, especialmente en la inculcación de valores relacionados con el respeto, el cuidado y la protección del medio ambiente.
En la sociedad en que vivimos las mujeres tenemos una gran responsabilidad frente al cuidado y protección del medio ambiente y no solo porque se nos adjudique esta responsabilidad desde la Declaración de Río de Janeiro de 1992.
Este documento establece en su principio 20 que las mujeres desempeñan un papel fundamental en la ordenación del medio ambiente y en el desarrollo por lo cual es imprescindible contar con su plena participación para lograr el desarrollo sostenible.
El antecedente de este principio tuvo su origen en la época donde se trataba de reconocernos derechos a las mujeres, derivado de muchas décadas de incontestables discriminaciones por razón del sexo.
Analizando la realidad social y cultural de muchos países, el hogar es el principal espacio donde se forman los seres humanos y se inculcan los valores fundamentales que guiarán su desarrollo, garantizando su futuro, salud y bienestar.
En resumen, la crianza debe centrarse en formar seres humanos con valores que no solo promuevan el respeto hacia sí mismos y hacia los demás, sino que también los preparen para interactuar y relacionarse de manera armoniosa más allá del núcleo familiar.
La mujer, generalmente responsable de la educación de los hijos, debe inculcarles principios y valores alineados con su cultura, además de enseñarles respeto, cuidado y protección del medio ambiente, esenciales para su desarrollo, bienestar y el de la sociedad.
Al ser la mujer, quien en la mayoría de los casos, es la responsable de la educación, ésta debe inculcar principios y valores a sus hijos alienados a las costumbres o culturas propias.
Sin embargo, también debe enseñarles respeto, cuidado y protección del medio ambiente, que son esenciales para su desarrollo y bienestar de la comunidad.
Históricamente, la responsabilidad de la crianza y educación de los niños ha recaído culturalmente en la mujer, ya sea como madre, abuela, tía, vecina o maestra, asumiendo esta labor tanto en el hogar como en la escuela, especialmente cuando las condiciones sociales o económicas lo exigen.
La mujer ha sido históricamente considerada responsable de la educación debido a roles impuestos culturalmente, lo que incluye inculcar valores relacionados con el cuidado y protección del medio ambiente.
Sin embargo, esta labor no debería recaer exclusivamente en las mujeres, ya que la responsabilidad de proteger el entorno y garantizar un futuro sostenible es un deber compartido por toda la sociedad.
Es fundamental reconocer que tanto hombres como mujeres dependen de la naturaleza y su interacción con el medio ambiente para garantizar su subsistencia, salud y bienestar. Este vínculo con el entorno es esencial no solo para el desarrollo individual, sino también para el progreso colectivo de la sociedad.
Este compromiso debe integrarse en una responsabilidad social ambiental compartida por todos, sin distinción de género, donde cada persona, de manera consciente y responsable, contribuya al cuidado y protección del medio ambiente para alcanzar un desarrollo sostenible.







